La impaciencia, el corazรณn y Dios

๐—Ÿ๐—ฎ ๐—ถ๐—บ๐—ฝ๐—ฎ๐—ฐ๐—ถ๐—ฒ๐—ป๐—ฐ๐—ถ๐—ฎ ๐—ฒ๐˜€ ๐—ฒ๐—น ๐—ณ๐—ฟ๐˜‚๐˜๐—ผ ๐—ฑ๐—ฒ๐—น ๐—ฐ๐—ผ๐—ฟ๐—ฎ๐˜‡๐—ผฬ๐—ป ๐—พ๐˜‚๐—ฒ ๐—พ๐˜‚๐—ถ๐—ฒ๐—ฟ๐—ฒ ๐—ฐ๐—ผ๐—ป๐˜๐—ฟ๐—ผ๐—น๐—ฎ๐—ฟ ๐—น๐—ผ ๐—พ๐˜‚๐—ฒ ๐˜€๐—ผ๐—น๐—ผ ๐——๐—ถ๐—ผ๐˜€ ๐—ด๐—ผ๐—ฏ๐—ถ๐—ฒ๐—ฟ๐—ป๐—ฎ.

๐‹๐š ๐ข๐ฆ๐ฉ๐š๐œ๐ข๐ž๐ง๐œ๐ข๐š ๐ฌ๐ž ๐ก๐š ๐œ๐จ๐ง๐ฏ๐ž๐ซ๐ญ๐ข๐๐จ ๐ž๐ง ๐ฎ๐ง๐š ๐๐ž ๐ฅ๐š๐ฌ ๐ฆ๐š๐ซ๐œ๐š๐ฌ ๐ฆ๐šฬ๐ฌ ๐ฏ๐ข๐ฌ๐ข๐›๐ฅ๐ž๐ฌ ๐๐ž ๐ง๐ฎ๐ž๐ฌ๐ญ๐ซ๐š ๐ ๐ž๐ง๐ž๐ซ๐š๐œ๐ข๐จฬ๐ง, ๐ฎ๐ง๐š ๐ฌ๐ž๐งฬƒ๐š๐ฅ ๐œ๐ฅ๐š๐ซ๐š ๐๐ž ๐œ๐จฬ๐ฆ๐จ ๐ฅ๐š ๐ฉ๐ซ๐ข๐ฌ๐š ๐ก๐š ๐ฆ๐จ๐ฅ๐๐ž๐š๐๐จ ๐ง๐จ ๐ฌ๐จ๐ฅ๐จ ๐ง๐ฎ๐ž๐ฌ๐ญ๐ซ๐จ ๐ซ๐ข๐ญ๐ฆ๐จ ๐๐ž ๐ฏ๐ข๐๐š, ๐ฌ๐ข๐ง๐จ ๐ญ๐š๐ฆ๐›๐ข๐žฬ๐ง ๐ฅ๐š ๐Ÿ๐จ๐ซ๐ฆ๐š ๐ž๐ง ๐ช๐ฎ๐ž ๐ž๐ง๐ญ๐ž๐ง๐๐ž๐ฆ๐จ๐ฌ ๐ž๐ฅ ๐ญ๐ข๐ž๐ฆ๐ฉ๐จ, ๐ฅ๐š ๐ฌ๐š๐ญ๐ข๐ฌ๐Ÿ๐š๐œ๐œ๐ข๐จฬ๐ง ๐ž ๐ข๐ง๐œ๐ฅ๐ฎ๐ฌ๐จ ๐š ๐ƒ๐ข๐จ๐ฌ. ๐•๐ข๐ฏ๐ข๐ฆ๐จ๐ฌ ๐ž๐ง ๐๐›Šฬ๐š๐ฌ ๐๐จ๐ง๐๐ž ๐ญ๐จ๐๐จ ๐ฉ๐š๐ซ๐ž๐œ๐ž ๐๐ž๐ฆ๐š๐ฌ๐ข๐š๐๐จ ๐ฅ๐ž๐ง๐ญ๐จ, ๐๐จ๐ง๐๐ž ๐ฅ๐จ๐ฌ ๐ฆ๐ข๐ง๐ฎ๐ญ๐จ๐ฌ ๐ฉ๐š๐ซ๐ž๐œ๐ž๐ง ๐ž๐ญ๐ž๐ซ๐ง๐ข๐๐š๐๐ž๐ฌ ๐ฒ ๐๐จ๐ง๐๐ž ๐ฅ๐š ๐ž๐ฌ๐ฉ๐ž๐ซ๐š ๐ฌ๐ž ๐ก๐š ๐ฏ๐ฎ๐ž๐ฅ๐ญ๐จ ๐ž๐ง๐ž๐ฆ๐ข๐ ๐š ๐๐ž ๐ง๐ฎ๐ž๐ฌ๐ญ๐ซ๐จ๐ฌ ๐š๐ง๐ก๐ž๐ฅ๐จ๐ฌ. ๐„๐ง ๐ฎ๐ง ๐ฆ๐ฎ๐ง๐๐จ ๐ฌ๐š๐ญ๐ฎ๐ซ๐š๐๐จ ๐๐ž ๐ฏ๐ž๐ฅ๐จ๐œ๐ข๐๐š๐, ๐๐จ๐ง๐๐ž ๐ฅ๐š๐ฌ ๐ฉ๐š๐ง๐ญ๐š๐ฅ๐ฅ๐š๐ฌ ๐ง๐จ๐ฌ ๐๐ข๐œ๐ญ๐š๐ง ๐ž๐ฅ ๐ซ๐ข๐ญ๐ฆ๐จ ๐ฒ ๐ฅ๐จ๐ฌ ๐ข๐ฆ๐ฉ๐ฎ๐ฅ๐ฌ๐จ๐ฌ ๐ฌ๐ž ๐ก๐š๐ง ๐ฏ๐ฎ๐ž๐ฅ๐ญ๐จ ๐ฉ๐š๐ญ๐ซ๐จ๐ง๐ž๐ฌ, ๐ž๐ฌ ๐œ๐š๐ฌ๐ข ๐ข๐ฆ๐ฉ๐จ๐ฌ๐ข๐›๐ฅ๐ž ๐ง๐จ ๐ฌ๐ž๐ง๐ญ๐ข๐ซ ๐œ๐จฬ๐ฆ๐จ ๐ž๐ฌ๐š ๐ฆ๐ข๐ฌ๐ฆ๐š ๐š๐ง๐ฌ๐ข๐ž๐๐š๐ ๐œ๐จ๐ฆ๐ข๐ž๐ง๐ณ๐š ๐š ๐ข๐ง๐Ÿ๐ข๐ฅ๐ญ๐ซ๐š๐ซ๐ฌ๐ž ๐ž๐ง ๐ง๐ฎ๐ž๐ฌ๐ญ๐ซ๐š ๐š๐ฅ๐ฆ๐š.

Hoy, mรกs que nunca, consumimos informaciรณn en grandes cantidades y a velocidades impensables hace solo algunos aรฑos. Las redes sociales ahora ofrecen la opciรณn de ver videos en 1.5x, 2x o hasta 3x porque la mente moderna ya no tolera ver algo en tiempo real. Estudios recientes muestran que mรกs del 60% de los usuarios de TikTok y YouTube aceleran el contenido para consumirlo mรกs rรกpido, y que la mitad de los espectadores decide abandonar un video si no capta su atenciรณn en menos de tres segundos. Incluso en el mundo fรญsico hemos sido entrenados para exigir inmediatez: pedidos entregados el mismo dรญa, compras que llegan en horas, mensajes respondidos al instante. La sociedad nos ha programado para creer que todo debe estar disponible cuando lo queremos y como lo queremos.

Pero esta urgencia constante no solo afecta nuestros hรกbitos; ha comenzado a afectar nuestra fe. Sin darnos cuenta, intentamos llevar esa misma presiรณn al รกmbito espiritual, como si Dios trabajara bajo un sistema de entregas exprรฉs o como si nuestras oraciones fueran solicitudes que deben tener confirmaciรณn inmediata. ๐™Œ๐™ช๐™š๐™ง๐™š๐™ข๐™ค๐™จ ๐™ฆ๐™ช๐™š ๐˜ฟ๐™ž๐™ค๐™จ ๐™–๐™˜๐™ฉ๐™ชฬ๐™š ๐™˜๐™ค๐™ข๐™ค ๐™–๐™˜๐™ฉ๐™ชฬ๐™–๐™ฃ ๐™ก๐™ค๐™จ ๐™จ๐™ž๐™จ๐™ฉ๐™š๐™ข๐™–๐™จ ๐™™๐™š๐™ก ๐™ข๐™ช๐™ฃ๐™™๐™ค, ๐™ง๐™–ฬ๐™ฅ๐™ž๐™™๐™ค, ๐™ฅ๐™ง๐™š๐™˜๐™ž๐™จ๐™ค, ๐™ž๐™ฃ๐™ข๐™š๐™™๐™ž๐™–๐™ฉ๐™ค. ๐™Ž๐™ž๐™ฃ ๐™š๐™ข๐™—๐™–๐™ง๐™œ๐™ค, ๐˜ฟ๐™ž๐™ค๐™จ ๐™ฃ๐™ค ๐™ค๐™ฅ๐™š๐™ง๐™– ๐™–๐™จ๐œพฬ. ๐™€ฬ๐™ก ๐™ฃ๐™ค ๐™ง๐™š๐™จ๐™ฅ๐™ค๐™ฃ๐™™๐™š ๐™—๐™–๐™Ÿ๐™ค ๐™ฃ๐™ช๐™š๐™จ๐™ฉ๐™ง๐™– ๐™–๐™œ๐™š๐™ฃ๐™™๐™–, ๐™ฃ๐™ž ๐™จ๐™š ๐™ข๐™ช๐™š๐™ซ๐™š ๐™จ๐™š๐™œ๐™ชฬ๐™ฃ ๐™ฃ๐™ช๐™š๐™จ๐™ฉ๐™ง๐™ค๐™จ ๐™–๐™ฅ๐™ช๐™ง๐™ค๐™จ, ๐™ฃ๐™ž ๐™–๐™Ÿ๐™ช๐™จ๐™ฉ๐™– ๐™Ž๐™ช ๐™ซ๐™ค๐™ก๐™ช๐™ฃ๐™ฉ๐™–๐™™ ๐™– ๐™ฃ๐™ช๐™š๐™จ๐™ฉ๐™ง๐™–๐™จ ๐™š๐™ญ๐™ฅ๐™š๐™˜๐™ฉ๐™–๐™ฉ๐™ž๐™ซ๐™–๐™จ. ๐˜ฟ๐™ž๐™ค๐™จ ๐™ฃ๐™ค ๐™š๐™จ ๐™ช๐™ฃ ๐™ฅ๐™ง๐™ค๐™ซ๐™š๐™š๐™™๐™ค๐™ง ๐™™๐™š ๐™ช๐™ง๐™œ๐™š๐™ฃ๐™˜๐™ž๐™–๐™จ; ๐™š๐™จ ๐™ช๐™ฃ ๐™›๐™ค๐™ง๐™ข๐™–๐™™๐™ค๐™ง ๐™™๐™š ๐™–๐™ก๐™ข๐™–๐™จ.

La Escritura nos muestra una y otra vez que la obra de Dios se despliega en el tiempo perfecto, no en el tiempo acelerado. ร‰l hace promesas que tardan aรฑos en cumplirse, procesos que parecen interminables, silencios que pesan pero que tambiรฉn purifican. Abraham esperรณ dรฉcadas para ver cumplida la promesa de un hijo. Josรฉ pasรณ trece aรฑos entre injusticias antes de ver el propรณsito. Moisรฉs fue moldeado cuarenta aรฑos en el desierto. Jesรบs mismo viviรณ treinta aรฑos antes de iniciar un ministerio de apenas tres. La paciencia no fue un obstรกculo para la obra de Dios; fue el terreno donde Dios formรณ carรกcter, fe, humildad y obediencia.

La impaciencia, en cambio, es una radiografรญa del alma. Revela mรกs de lo que admitimos. Cuando no queremos esperar, lo que realmente decimos es que no confiamos en el proceso, que no creemos que Dios tiene el control o que nuestro tiempo es mejor que el Suyo. La impaciencia nace del temor y del orgullo; la paciencia nace de la fe. La impaciencia exige resultados; la paciencia descansa en la soberanรญa divina. La impaciencia nos desespera con el silencio; la paciencia reconoce que el silencio de Dios tambiรฉn habla.

Y en medio de esta cultura que corre, Cristo se convierte en nuestro ejemplo perfecto. ร‰l nunca corriรณ. Nunca apresurรณ un milagro. Nunca se adelantรณ al tiempo del Padre. Su vida fue una demostraciรณn constante de confianza absoluta en el ritmo celestial. Si el Hijo de Dios esperรณ, si se sometiรณ al tiempo del Padre, si caminรณ a un paso que parecรญa lento para los ojos humanos, ยฟcรณmo no habremos de aprender nosotros a esperar tambiรฉn?

La verdad es que la espera nos confronta porque nos desnuda. Nos obliga a ver quรฉ tan profundo realmente confiamos en el Seรฑor. Nos hace preguntarnos si queremos a Dios o si solo queremos Sus respuestas. La espera es el taller donde Dios lima nuestras impurezas, donde confronta nuestros motivos, donde purifica nuestros deseos, donde transforma nuestras perspectivas. No es pรฉrdida de tiempo; es el proceso donde Dios nos prepara para lo que viene. Nada que Dios obra rรกpido es superficial. Todo lo que Dios obra lento es profundo.

Y aun asรญ, no es fรกcil. Porque vivimos rodeados de un sistema que no tolera la pausa, que ilustra resultados instantรกneos y que normaliza la prisa como si fuera una virtud. Las imรกgenes del mundo nos dicen que lo rรกpido es mejor, que lo inmediato es รฉxito, que la espera es fracaso. Pero las imรกgenes del Reino nos muestran que la paciencia es carรกcter, que la espera es madurez, que el tiempo de Dios siempre es perfecto. Es allรญ donde necesitamos la gracia del Seรฑor, porque la paciencia no es algo que producimos con esfuerzo propio; es fruto del Espรญritu Santo obrando en nuestra alma, moldeรกndonos en la semejanza de Cristo.

En un mundo que acelera los videos, los procesos y los deseos, Dios busca mujeres capaces de desacelerar su corazรณn. Mujeres prudentes, mujeres profundas, mujeres que entienden que la madurez espiritual no se desarrolla en la rapidez sino en la constancia. Mujeres que aceptan que el tiempo de Dios es tan formativo como la respuesta misma. Mujeres que saben que la espera tambiรฉn es un lugar sagrado. Mujeres que encuentran en la paciencia no un obstรกculo, sino un camino hacia la transformaciรณn espiritual.

Tal vez no podamos controlar cuรกnto se acelera el mundo a nuestro alrededor, pero sรญ podemos decidir no acelerar nuestro corazรณn. Podemos decidir caminar al ritmo de Dios, abrazar el tiempo que ร‰l establece y confiar que todo lo que ร‰l hace lentoโ€ฆ lo hace perfecto. La espera no retrasa tu propรณsito; lo purifica. No aplaza la promesa; la madura. No estanca tu fe; la profundiza. Y cuando al fin llega aquello que Dios ha prometido, entendemos por quรฉ Su tiempo siempre fue mejor que el nuestro.

Seรฑor, ensรฉรฑanos a esperar. Enseรฑa a nuestra alma a descansar en Ti. Rompe en nosotros la necesidad de exigir lo inmediato y reemplรกzala por la gracia de confiar en Tus procesos. Que nuestra fe no se acelere con el mundo, sino que se afirme en Tu voluntad eterna. Y que cada dรญa aprendamos a caminar al paso de Tu presencia. Amรฉn.

Hemos llegado al final: que este devocional haya sido de bendicion para tu vida. Te invito a COMPARTIR, COMENTAR www.mujerbibliaycafe.net no te pierdas nuestros devocionales futuros.

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Cristo recibe corazones rotos para hacerlos nuevos.

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