Cristo recibe corazones rotos para hacerlos nuevos.

๐‘ฌ๐’ ๐’—๐’†๐’”๐’•๐’Š๐’…๐’ ๐’…๐’† ๐’๐’†๐’๐’•๐’†๐’‹๐’–๐’†๐’๐’‚๐’” ๐’’๐’–๐’† ๐’…๐’†๐’”๐’๐’–๐’Ž๐’ƒ๐’“๐’‚, los zapatos que combinan a la perfecciรณn, el maquillaje cuidadosamente aplicado, el peinado que enmarca nuestro rostro y los accesorios que dan ese toque final de elegancia. ๐™Œ๐™ช๐™š๐™ง๐™š๐™ข๐™ค๐™จ ๐™—๐™ง๐™ž๐™ก๐™ก๐™–๐™ง, ๐™จ๐™š๐™ฃ๐™ฉ๐™ž๐™ง๐™ฃ๐™ค๐™จ ๐™๐™š๐™ง๐™ข๐™ค๐™จ๐™–๐™จ ๐™ฎ ๐™š๐™จ๐™ฉ๐™–๐™ง ๐™ก๐™ž๐™จ๐™ฉ๐™–๐™จ ๐™ฅ๐™–๐™ง๐™– ๐™ง๐™š๐™˜๐™ž๐™—๐™ž๐™ง ๐™ช๐™ฃ ๐™ฃ๐™ช๐™š๐™ซ๐™ค ๐™–๐™ฃฬƒ๐™ค. Sin embargo, entre todo ese cuidado por la apariencia, surge una pregunta que casi nunca hacemos, una pregunta que no aparece en las listas de compras ni en la agenda del 31: ยฟ๐—ฒ๐˜€๐˜๐—ฎฬ ๐—น๐—ถ๐˜€๐˜๐—ผ ๐—บ๐—ถ ๐—ฐ๐—ผ๐—ฟ๐—ฎ๐˜‡๐—ผฬ๐—ป ๐—ฝ๐—ฎ๐—ฟ๐—ฎ ๐—ฒ๐—ป๐˜๐—ฟ๐—ฎ๐—ฟ ๐—ฒ๐—ป ๐˜‚๐—ป ๐—ป๐˜‚๐—ฒ๐˜ƒ๐—ผ ๐—ฎ๐—ปฬƒ๐—ผ ๐—ฐ๐—ผ๐—บ๐—ฝ๐—น๐—ฒ๐˜๐—ฎ๐—บ๐—ฒ๐—ป๐˜๐—ฒ ๐—ฐ๐—ฒ๐—ป๐˜๐—ฟ๐—ฎ๐—ฑ๐—ผ ๐—ฒ๐—ป ๐—–๐—ฟ๐—ถ๐˜€๐˜๐—ผ?

Podemos arreglar el exterior en unos minutos, pero un ๐—ฐ๐—ผ๐—ฟ๐—ฎ๐˜‡๐—ผฬ๐—ป ๐—ฑ๐—ฒ๐˜€๐—ฐ๐˜‚๐—ถ๐—ฑ๐—ฎ๐—ฑ๐—ผ ๐—ฝ๐˜‚๐—ฒ๐—ฑ๐—ฒ ๐—ฐ๐—ฎ๐—ฟ๐—ด๐—ฎ๐—ฟ ๐—ฎ๐—ปฬƒ๐—ผ๐˜€ ๐—ฒ๐—ป๐˜๐—ฒ๐—ฟ๐—ผ๐˜€ ๐˜€๐—ถ๐—ป ๐˜€๐—ฒ๐—ฟ ๐—ฎ๐˜๐—ฒ๐—ป๐—ฑ๐—ถ๐—ฑ๐—ผ. Vivimos en un mundo saturado de imรกgenes perfectas, filtros, comparaciones constantes y estรกndares de belleza que cambian a cada instante. Allรญ es fรกcil enfocarse en lo externo mientras ignoramos lo interno. Estudios recientes revelan que el 72% de las mujeres dedica mรกs tiempo a su apariencia fรญsica que a revisar su estado emocional; el 65% evita conversaciones difรญciles durante las fiestas aunque tenga tensiones familiares; el 58% inicia el aรฑo con agotamiento emocional a pesar de las sonrisas impecables de sus redes sociales; y solo el 18% practica momentos de reflexiรณn espiritual antes de comenzar un nuevo aรฑo. ๐—ฉ๐—ถ๐˜ƒ๐—ถ๐—บ๐—ผ๐˜€ ๐—ฒ๐—ป ๐˜‚๐—ป๐—ฎ ๐—ฐ๐˜‚๐—น๐˜๐˜‚๐—ฟ๐—ฎ ๐—พ๐˜‚๐—ฒ ๐˜ƒ๐—ถ๐˜€๐˜๐—ฒ ๐—ต๐—ฒ๐—ฟ๐—ถ๐—ฑ๐—ฎ๐˜€ ๐—ฐ๐—ผ๐—ป ๐—ฏ๐—ฟ๐—ถ๐—น๐—น๐—ผ, ๐—พ๐˜‚๐—ฒ ๐—ฒ๐˜€๐—ฐ๐—ผ๐—ป๐—ฑ๐—ฒ ๐—ฒ๐—น ๐—ฐ๐—ฎ๐—ป๐˜€๐—ฎ๐—ป๐—ฐ๐—ถ๐—ผ ๐—ฏ๐—ฎ๐—ท๐—ผ ๐—บ๐—ฎ๐—พ๐˜‚๐—ถ๐—น๐—น๐—ฎ๐—ท๐—ฒ ๐˜† ๐—พ๐˜‚๐—ฒ ๐˜€๐—ผ๐—ป๐—ฟ๐›Šฬ๐—ฒ ๐—ฎ๐˜‚๐—ป๐—พ๐˜‚๐—ฒ ๐—ฒ๐—น ๐—ฎ๐—น๐—บ๐—ฎ ๐—ฒ๐˜€๐˜๐—ฒฬ ๐—น๐—น๐—ผ๐—ฟ๐—ฎ๐—ป๐—ฑ๐—ผ. Pero Cristo no mira el brillo exterior. Cristo mira el corazรณn. La Palabra dice: โ€œEl hombre mira lo que estรก delante de sus ojos, pero Jehovรก mira el corazรณnโ€ (1 Samuel 16:7). ร‰l no es impresionado por nuestras lentejuelas; ร‰l anhela sanar lo que nadie ve.

๐—˜๐—น ๐—ฐ๐—ผ๐—ฟ๐—ฎ๐˜‡๐—ผฬ๐—ป ๐—ฒ๐˜€ ๐—ฒ๐—น ๐—ฐ๐—ฒ๐—ป๐˜๐—ฟ๐—ผ ๐—ฑ๐—ฒ ๐—ป๐˜‚๐—ฒ๐˜€๐˜๐—ฟ๐—ฎ ๐˜ƒ๐—ถ๐—ฑ๐—ฎ ๐—ฒ๐—บ๐—ผ๐—ฐ๐—ถ๐—ผ๐—ป๐—ฎ๐—น, ๐—ฒ๐˜€๐—ฝ๐—ถ๐—ฟ๐—ถ๐˜๐˜‚๐—ฎ๐—น, ๐—ฟ๐—ฒ๐—น๐—ฎ๐—ฐ๐—ถ๐—ผ๐—ป๐—ฎ๐—น ๐˜† ๐—บ๐—ฒ๐—ป๐˜๐—ฎ๐—น. La Biblia no lo presenta como un simple lugar de emociones, sino como el epicentro del ser. Por eso el Seรฑor nos ordena: โ€œ๐‘บ๐’๐’ƒ๐’“๐’† ๐’•๐’๐’…๐’‚ ๐’„๐’๐’”๐’‚ ๐’ˆ๐’–๐’‚๐’“๐’…๐’‚๐’…๐’‚, ๐’ˆ๐’–๐’‚๐’“๐’…๐’‚ ๐’•๐’– ๐’„๐’๐’“๐’‚๐’›๐’ฬ๐’, ๐’‘๐’๐’“๐’’๐’–๐’† ๐’…๐’† ๐’†ฬ๐’ ๐’Ž๐’‚๐’๐’‚ ๐’๐’‚ ๐’—๐’Š๐’…๐’‚โ€ (๐‘ท๐’“๐’๐’—๐’†๐’“๐’ƒ๐’Š๐’๐’” ๐Ÿ’:๐Ÿ๐Ÿ‘). Mientras el mundo nos llama a cuidar nuestra imagen, Cristo nos llama a cuidar nuestro corazรณn. Y para hacerlo, primero debemos examinarlo. Jesรบs no teme nuestras heridas ni retrocede ante nuestro dolor. ร‰l no se escandaliza por nuestras luchas, pero no puede sanar aquello que no le entregamos. Por eso, este devocional nos invita a realizar una evaluaciรณn honesta delante del Seรฑor, una evaluaciรณn profunda, espiritual, que permita al Espรญritu Santo mostrarnos dรณnde estamos realmente.

Surgen entonces preguntas necesarias, no para condenarnos, sino para revelar รกreas donde Cristo quiere restaurar. ยฟCรณmo estรก mi corazรณn con mi esposo? ยฟHay conversaciones pendientes, heridas no habladas, rutinas que apagaron la ternura o distancias que se normalizaron? El matrimonio refleja el amor de Cristo hacia la iglesia, y Colosenses 3:13 nos recuerda: โ€œSoportaos unos a otros y perdonaosโ€ฆ como Cristo os perdonรณ.โ€

ยฟCรณmo estรก mi corazรณn con mi familia? La familia es nuestro primer ministerio y tambiรฉn el primer lugar donde acumulamos heridas. ยฟHe permitido que pequeรฑas ofensas se conviertan en muros? ยฟEstoy cargando expectativas irreales? Romanos 12:18 dice: โ€œSi es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos.โ€

ยฟCรณmo estรก mi corazรณn con mis hijos? Es posible estar presente fรญsicamente pero ausente emocionalmente. ยฟConecto con sus corazones o solo corrijo conductas? Proverbios 22:6 recuerda: โ€œInstruye al niรฑo en su caminoโ€ฆโ€

ยฟCรณmo estรก mi corazรณn con mi madre o mi padre? Muchas luchas nacen de heridas no resueltas. ยฟSigo cargando dolores antiguos? ยฟHay perdรณn que no he dado o honra que no he ofrecido? Dios ordena: โ€œHonra a tu padre y a tu madreโ€ (ร‰xodo 20:12).

ยฟCรณmo estรก mi corazรณn con mi pastor? ยฟHe permitido crรญticas o distancias? ยฟValoro su cuidado espiritual? Hebreos 13:17 nos instruye a obedecer y sujetarnos a quienes velan por nuestras almas.

ยฟCรณmo estรก mi corazรณn con mis hermanas en la fe? A veces la raรญz de amargura se disfraza de indiferencia. ยฟAmo en verdad? ยฟCelebro a mis hermanas o me comparo con ellas? Hebreos 12:15 advierte: โ€œMirad bienโ€ฆ que no brote ninguna raรญz de amargura.โ€

El rumbo del nuevo aรฑo no lo determina el vestido, la agenda, las metas o las fotos impecables, sino la condiciรณn de nuestro corazรณn. Un corazรณn herido repite ciclos; un corazรณn cargado se cansa pronto; un corazรณn endurecido no ama; un corazรณn distraรญdo no escucha la voz del Espรญritu. ๐—ฃ๐—ฒ๐—ฟ๐—ผ ๐˜‚๐—ป ๐—ฐ๐—ผ๐—ฟ๐—ฎ๐˜‡๐—ผฬ๐—ป ๐—ฟ๐—ฒ๐—ป๐—ฑ๐—ถ๐—ฑ๐—ผ ๐—ฎ ๐—–๐—ฟ๐—ถ๐˜€๐˜๐—ผ ๐—ณ๐—น๐—ผ๐—ฟ๐—ฒ๐—ฐ๐—ฒ. Jesรบs dijo: โ€œDonde estรฉ vuestro tesoro, allรญ estarรก vuestro corazรณnโ€ (Mateo 6:21). Si tu tesoro es la apariencia, vivirรกs en comparaciรณn; si es el รฉxito, vivirรกs agotada; si es la aprobaciรณn, vivirรกs ansiosa. ๐‘ท๐’†๐’“๐’ ๐’”๐’Š ๐’•๐’– ๐’•๐’†๐’”๐’๐’“๐’ ๐’†๐’” ๐‘ช๐’“๐’Š๐’”๐’•๐’, ๐’—๐’Š๐’—๐’Š๐’“๐’‚ฬ๐’” ๐’๐’Š๐’ƒ๐’“๐’†.

La mentira del enemigo es hacernos creer que debemos entrar perfectas al nuevo aรฑo. ๐—Ÿ๐—ฎ ๐˜ƒ๐—ฒ๐—ฟ๐—ฑ๐—ฎ๐—ฑ ๐—ฑ๐—ฒ๐—น ๐—˜๐˜ƒ๐—ฎ๐—ป๐—ด๐—ฒ๐—น๐—ถ๐—ผ ๐—ฒ๐˜€ ๐—พ๐˜‚๐—ฒ ๐—–๐—ฟ๐—ถ๐˜€๐˜๐—ผ ๐—ฟ๐—ฒ๐—ฐ๐—ถ๐—ฏ๐—ฒ ๐—ฐ๐—ผ๐—ฟ๐—ฎ๐˜‡๐—ผ๐—ป๐—ฒ๐˜€ ๐—ฟ๐—ผ๐˜๐—ผ๐˜€ ๐—ฝ๐—ฎ๐—ฟ๐—ฎ ๐—ต๐—ฎ๐—ฐ๐—ฒ๐—ฟ๐—น๐—ผ๐˜€ ๐—ป๐˜‚๐—ฒ๐˜ƒ๐—ผ๐˜€. ร‰l dijo: โ€œSi el Hijo os libertare, serรฉis verdaderamente libresโ€ (Juan 8:36). Libres de amargura, miedo, ansiedad, culpa, heridas familiares, ciclos emocionales, perfeccionismo y de nosotras mismas. Su libertad no es superficial; es profunda, espiritual y permanente.

ยฟCรณmo preparar entonces tu corazรณn para el nuevo aรฑo? ๐—ฅ๐—ถ๐—ป๐—ฑ๐—ฒ ๐˜๐˜‚๐˜€ ๐—ฐ๐—ฎ๐—ฟ๐—ด๐—ฎ๐˜€ ๐—ฎ ๐—–๐—ฟ๐—ถ๐˜€๐˜๐—ผ. Escribe lo que te duele, ora sobre ello y entrรฉgaselo al Seรฑor. Practica el perdรณn antes de que el aรฑo termine. Pide al Espรญritu Santo revelar รกreas ocultas. Reconcรญliate donde Dios te lo pida. Vuelve a las disciplinas espirituales: la Palabra, la oraciรณn, la congregaciรณn. Y sobre todo, escoge la presencia de Dios por encima de la apariencia.

Oremos juntas: โ€œSeรฑor Jesรบs, mientras el mundo me invita a brillar por fuera, Tรบ me llamas a brillar por dentro. Hoy traigo mi corazรณn ante Ti y no escondo nada. Sana mis heridas, cura mis relaciones, restaura mi familia y limpia mi espรญritu. Hazme libre de rencores, de miedos y de cargas que no me pertenecen. Dame un corazรณn renovado, sensible, obediente y centrado solo en Ti. Que este nuevo aรฑo estรฉ diseรฑado desde Tu voluntad y no desde mis fuerzas. Gracias porque en Ti mi corazรณn encuentra descanso. Amรฉn.โ€

Puedes entrar al aรฑo nuevo con brillo, elegancia y belleza externa, pero ninguna de esas cosas define tu destino. El verdadero brillo que transforma no viene del vestido, sino del corazรณn rendido a Cristo. ร‰l no busca perfecciรณn, sino entrega; no busca apariencia, sino cercanรญa. Amada, si ร‰l te libera, serรกs verdaderamente libre para comenzar un nuevo aรฑo en cada รกrea de tu vida.

Si este devocional ha bendecido tu vida, te invitamos a que lo compartas. Lo encuentran tambiรฉn en www.mujerbibliaycafe.net, Facebook, Instagram y TikTok.

Previous
Previous

Una madre que guรญa hacia Cristo.

Next
Next

La impaciencia, el corazรณn y Dios