La bandera sigue en alto.
Hay batallas que no se ganan con palabras bonitas. Hay guerras que no se narran fácilmente porque se pelearon en silencio, en lo profundo del corazón, en noches largas, en decisiones difíciles, en lágrimas que nadie vio.
Y aun así, aquí estás.
Estamos a solo unos días de cerrar este año, y aunque muchas llegan cansadas, heridas o con cicatrices visibles, también llegamos con algo en las manos “𝘂𝗻𝗮 𝗯𝗮𝗻𝗱𝗲𝗿𝗮”. No una bandera decorativa, sino una bandera de guerra, de perseverancia, de victoria.
En tiempos antiguos, cuando las guerras se libraban cuerpo a cuerpo, no había radios, mapas ni comunicación estratégica. El campo de batalla se cubría de polvo, humo y confusión. En medio de ese caos, había una figura clave: el portaestandarte.
Esa persona sostenía una bandera elevada. La bandera no solo indicaba a qué ejército pertenecías; era una señal viva de esperanza, dirección y resistencia. Mientras la bandera permanecía en alto, el ejército sabía que aún estaba en pie. Pero cuando caía, todos entendían el mensaje: la batalla se había perdido.
𝗔𝗹 𝗳𝗶𝗻𝗮𝗹 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗴𝘂𝗲𝗿𝗿𝗮, 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝘂𝗻𝗮 𝗯𝗮𝗻𝗱𝗲𝗿𝗮 𝗽𝗲𝗿𝗺𝗮𝗻𝗲𝗰𝛊́𝗮 𝗲𝗿𝗴𝘂𝗶𝗱𝗮. 𝗡𝗼 𝗲𝗿𝗮 𝘀𝛊́𝗺𝗯𝗼𝗹𝗼 𝗱𝗲 𝗮𝗿𝗿𝗼𝗴𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮, 𝘀𝗶𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝘃𝗶𝗰𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮. Era una advertencia para los enemigos y una confirmación para los vencedores.
“Has dado a los que te temen bandera que alcen por causa de la verdad.” (Salmos 60:4)
Aquí la bandera no es humana; Dios mismo la entrega. Es una señal visible de que Él está con Su pueblo, aun cuando el terreno parece perdido.
También En Éxodo 17, cuando Israel peleaba contra Amalec, Moisés levantaba sus manos. Mientras estaban en alto, Israel vencía; cuando descendían, el enemigo avanzaba. Al final, Moisés edificó un altar y lo llamó: “Jehová-nisi” (Éxodo 17:15) Que significa: 𝗘𝗹 𝗦𝗲𝗻̃𝗼𝗿 𝗲𝘀 𝗺𝗶 𝗯𝗮𝗻𝗱𝗲𝗿𝗮. No era Israel el estandarte. No era Moisés. Era Dios mismo.
Y creo firmemente, mujer de Dios, que este año el Señor ha sido tu Jehová Nisi.
Ha sido tu bandera cuando no tenías fuerzas para sostenerte.
Ha sido tu estandarte cuando la visión estaba borrosa.
Ha sido tu señal cuando no sabías hacia dónde caminar.
En medio de luchas emocionales, pruebas físicas, crisis familiares, batallas mentales y noches de incertidumbre, Dios levantó Su bandera sobre ti.
Cuando pensaste que no podrías levantarte otra vez, Él permaneció. Cuando creíste que no volverías a caminar con gozo, Él sostuvo. Cuando las fracturas del alma parecían irreparables, Él sanó. Cuando tu familia parecía sin esperanza, Él intervino. Cuando tu matrimonio estaba al borde, Él no soltó la cuerda.
“Cuando el enemigo viniere como río, el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él.” (Isaías 59:19) No fue tu fuerza. No fue tu constancia perfecta. Fue Su fidelidad.
Quiero decirte algo con amor y verdad: no minimices la batalla que peleaste. No llames “normal” a lo que casi te rompe. No espiritualices el dolor sin reconocer la gracia que te sostuvo.
Si hoy sigues de pie, no es porque no hubo guerra, sino porque Dios peleó contigo. “El Señor peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.” (Éxodo 14:14)
A veces creemos que la victoria siempre se ve como celebración. Pero muchas veces se ve como permanecer, como no rendirse, como seguir creyendo aun cuando no hay señales visibles.
Hoy no estás cruzando al Año Nuevo con una bandera de derrota. No estás entrando con vergüenza. No estás avanzando con la cabeza baja.
Estás entrando con una bandera levantada, proclamando que Dios fue fiel, que el enemigo no te destruyó y que el propósito sigue intacto. “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Corintios 15:57)
La bandera que llevas no dice “todo fue fácil”. Dice: “𝗗𝗶𝗼𝘀 𝗺𝗲 𝘀𝗼𝘀𝘁𝘂𝘃𝗼.”
Hoy, hermana, levanta tu bandera.
No para presumir, sino para proclamar.
No para recordar la herida, sino la victoria.
No para señalar al enemigo, sino para honrar a tu Dios.
Que este nuevo año te encuentre así:
de pie, firme, con el estandarte del Señor ondeando sobre tu vida. “El Señor irá delante de ti.” (Isaías 52:12)
Hagamos esta oración juntas: Señor, hoy reconozco que Tú has sido mi Jehová Nisi. Gracias por levantar Tu bandera sobre mí cuando no tenía fuerzas. Gracias por pelear batallas que no supe cómo enfrentar. Hoy cierro este año no con derrota, sino con victoria. Entro al nuevo tiempo sosteniendo el estandarte de Tu fidelidad. Que mi vida proclame que Tú eres Dios y que en Ti siempre hay triunfo. En el nombre de Jesús, amén.
Hemos llegado al final 𝘀𝗶 𝗲𝘀𝘁𝗲 𝗱𝗲𝘃𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝘁𝗲 𝗵𝗮 𝗯𝗲𝗻𝗱𝗲𝗰𝗶𝗱𝗼, 𝘁𝗲 𝗶𝗻𝘃𝗶𝘁𝗼 𝗮 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗿𝗹𝗼, déjanos un corazoncito y 𝘁𝘂 𝗰𝗼𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗿𝗶𝗼, 𝘁𝗲𝘀𝘁𝗶𝗺𝗼𝗻𝗶𝗼 𝘆 𝗲𝗻𝘃𝛊́𝗮𝗹𝗼 𝗲𝗻 𝘂𝗻 𝗴𝗿𝘂𝗽𝗼𝘀.