El Desgaste de la Mujer que Espera Solo un poco de ayuda. Pt3

Tercera parte de nuestro mini devocional (EL DESGASTE DE UNA MUJER QUE ESPERA QUE SU ESPOSO AYUDE)

 

Pero ahora viene la parte que también prometimos abordar, nuestras propias faltas como mujeres. Y esto sí va a raspar como lo dije al principio. Porque hay cosas que nosotras, las mujeres, hacemos o dejamos de hacer que contribuyen al deterioro de esa conexión que decimos extrañar.

𝗟𝗮 𝗽𝗿𝗶𝗺𝗲𝗿𝗮 𝗲𝘀 𝗲𝗹 𝘀𝗶𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼. No el silencio pacífico, sino el silencio acumulativo. Cuántas veces hemos guardado algo que dolió, no porque lo perdonamos de verdad, sino porque no sabíamos cómo decirlo sin que se convirtiera en pelea. Y ese silencio no desapareció. Se depositó. Se fue haciendo capa sobre capa hasta convertirse en un muro que él no sabe cómo cruzar porque ni siquiera sabe que está ahí. Proverbios 15:1 dice que “la blanda respuesta quita la ira.” No dice que el silencio quita la ira. El silencio la guarda. La blanda respuesta la disuelve. Hablar con amor y con claridad es un acto de valentía que muchas veces no ejercemos porque el conflicto nos aterra más que la distancia. “La blanda respuesta quita la ira, mas la palabra áspera hace subir el furor.” Proverbios 15:1

𝗟𝗮 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗻𝗱𝗮 𝗳𝗮𝗹𝘁𝗮 𝗲𝘀 𝗹𝗮 𝗮𝗺𝗮𝗿𝗴𝘂𝗿𝗮 𝗱𝗶𝘀𝗳𝗿𝗮𝘇𝗮𝗱𝗮 𝗱𝗲 𝗰𝗮𝗻𝘀𝗮𝗻𝗰𝗶𝗼. El cansancio es real. No lo estamos invalidando. Pero hay un momento en que el cansancio legítimo se convierte en resentimiento activo, en una historia que nos contamos sobre nuestro esposo que ya no tiene espacio para la gracia ni para el cambio. Cuando llegamos al punto de “ya él no va a cambiar,” cerramos sin darnos cuenta la puerta que el Espíritu Santo podía usar. Hebreos 12:15 advierte que debemos cuidar que “brotando alguna raíz de amargura, os perturbe, y por ella muchos sean contaminados.” La amargura no solo te daña a ti. Contamina el hogar entero. Los niños crecen en ella. El matrimonio se seca en ella.

“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os perturbe, y por ella muchos sean contaminados.” Hebreos 12:15

 𝗟𝗮 𝘁𝗲𝗿𝗰𝗲𝗿𝗮 𝗳𝗮𝗹𝘁𝗮, 𝘆 𝗲𝘀𝘁𝗮 𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗶𝘇𝗮́𝘀 𝗹𝗮 𝗺𝗮́𝘀 𝗱𝗶𝗳𝛊́𝗰𝗶𝗹 𝗱𝗲 𝗮𝗱𝗺𝗶𝘁𝗶𝗿, 𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗮 𝘃𝗲𝗰𝗲𝘀 𝘂𝘀𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗲𝗹𝗮𝗴𝗼𝘁𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗮𝗿𝗴𝘂𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼 𝘀𝗶𝗻 𝗵𝗮𝗯𝗲𝗿 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗻𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘃𝗲𝗿𝘀𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻. Nos quejamos de lo que no recibimos sin haber pedido claramente lo que necesitamos. No porque la responsabilidad de ver sea nuestra únicamente. Sino porque muchas veces esperamos que nuestro esposo adivine, que sienta, que entienda sin palabras. Y cuando no lo hace, concluimos que no le importa. Los hombres, en su gran mayoría, no leen el lenguaje emocional con la misma fluidez que nosotras. Y eso no los absuelve de aprender. Pero sí nos llama a hablar. A pedir. A decir lo que necesitamos sin códigos que solo nosotras entendemos.

 Pablo escribe en Efesios 4:15 que debemos hablar “la verdad en amor.” No la verdad en silencio resentido. No la verdad en explosiones de frustración acumulada. La verdad en amor, con calma, con claridad, con el propósito de construir y no de destruir. Esa conversación vale más que diez años de muros silenciosos…

 

Mi querida hermana: nos queda un punto más por compartir y mi deseo es que cada punto sea de bendición y edificación para tu vida.

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