Salmos 119:65-72

Estamos casi por la mitad, y hasta ahora cada verso a añadido asombro, gozo y esperanza a nuestros corazones. Hoy nos toca. Salmos 119:65–72 el salmista entra en una de las verdades más difíciles de aceptar en la vida cristiana Dios también obra a través de la aflicción. Y aunque muchas veces quisiéramos una vida donde seguir a Cristo significara ausencia de dolor, la Escritura nos muestra una realidad más profunda Dios no desperdicia el sufrimiento de Sus hijos.

El pasaje comienza diciendo “𝘽𝙞𝙚𝙣 𝙝𝙖𝙨 𝙝𝙚𝙘𝙝𝙤 𝙘𝙤𝙣 𝙩𝙪 𝙨𝙞𝙚𝙧𝙫𝙤, 𝙤𝙝 𝙅𝙚𝙝𝙤𝙫á…” Y esto sorprende, porque los versos siguientes hablan de aflicción. Es decir, el salmista puede reconocer la bondad de Dios aun mirando temporadas difíciles. Esto solo puede ocurrir cuando la perspectiva deja de estar centrada en las circunstancias y comienza a descansar en el carácter de Dios.

Mis hermanas, qué difícil es muchas veces llamar “bueno” aquello que nos quebró, aquello que nos hizo llorar o esperar. ᴘᴇʀᴏ ᴇʟ sᴀʟᴍɪsᴛᴀ ᴇɴᴛᴇɴᴅɪó ᴀʟɢᴏ ᴘᴏᴅᴇʀᴏsᴏ: ᴅɪᴏs sɪɢᴜᴇ sɪᴇɴᴅᴏ ʙᴜᴇɴᴏ ᴀᴜɴ ᴄᴜᴀɴᴅᴏ sᴜs ᴘʀᴏᴄᴇsᴏs ᴅᴜᴇʟᴇɴ.

Luego dice ““𝘼𝙣𝙩𝙚𝙨 𝙦𝙪𝙚 𝙛𝙪𝙚𝙧𝙖 𝙮𝙤 𝙝𝙪𝙢𝙞𝙡𝙡𝙖𝙙𝙤, 𝙙𝙚𝙨𝙘𝙖𝙧𝙧𝙞𝙖𝙙𝙤 𝙖𝙣𝙙𝙖𝙗𝙖; 𝙢𝙖𝙨 𝙖𝙝𝙤𝙧𝙖 𝙜𝙪𝙖𝙧𝙙𝙤 𝙩𝙪 𝙥𝙖𝙡𝙖𝙗𝙧𝙖.” Qué honestidad tan confrontante. El sufrimiento reveló algo. Muchas veces no notamos cuánto nos hemos desviado hasta que Dios permite procesos que exponen nuestro corazón. Y aunque nadie disfruta la disciplina o la prueba, muchas veces es precisamente allí donde volvemos a depender verdaderamente de Dios.

Esto no significa que Dios disfruta nuestro dolor, sino que en Su soberanía usa incluso la aflicción para formar a Cristo en nosotras. Como dice Hebreos 12, Él disciplina a los que ama.

Y entonces el salmista declara “𝘽𝙪𝙚𝙣𝙤 𝙚𝙧𝙚𝙨 𝙩ú, 𝙮 𝙗𝙞𝙚𝙣𝙝𝙚𝙘𝙝𝙤𝙧…” No solo dice que Dios hace cosas buenas; dice que Él es bueno. Esa diferencia lo cambia todo. Porque cuando entendemos que la bondad de Dios forma parte de Su naturaleza, aprendemos a confiar aun cuando no entendemos Sus caminos.

“𝙀𝙣𝙨éñ𝙖𝙢𝙚 𝙩𝙪𝙨 𝙚𝙨𝙩𝙖𝙩𝙪𝙩𝙤𝙨.” Qué impresionante que aun después de la aflicción, el deseo principal siga siendo aprender más de Dios. La prueba no endureció su corazón; lo hizo más enseñable.

Luego menciona a los soberbios que hablaron contra él y mintieron sobre él. Pero observa la respuesta “𝙈𝙖𝙨 𝙮𝙤 𝙜𝙪𝙖𝙧𝙙𝙖𝙧é 𝙙𝙚 𝙩𝙤𝙙𝙤 𝙘𝙤𝙧𝙖𝙯ó𝙣 𝙩𝙪𝙨 𝙢𝙖𝙣𝙙𝙖𝙢𝙞𝙚𝙣𝙩𝙤𝙨.”

La oposición no cambió su dirección. Qué importante es esto. Muchas veces el dolor producido por otros puede llevarnos a amargura, desánimo o enfriamiento espiritual. Pero el salmista decidió permanecer fiel.

“𝙀𝙡 𝙘𝙤𝙧𝙖𝙯ó𝙣 𝙙𝙚 𝙚𝙡𝙡𝙤𝙨 𝙨𝙚 𝙚𝙣𝙜𝙧𝙤𝙨ó 𝙘𝙤𝙢𝙤 𝙨𝙚𝙗𝙤…” Habla de un corazón endurecido, insensible a Dios. Y entonces hace un contraste hermoso “𝙈𝙖𝙨 𝙮𝙤 𝙚𝙣 𝙩𝙪 𝙡𝙚𝙮 𝙢𝙚 𝙝𝙚 𝙧𝙚𝙜𝙤𝙘𝙞𝙟𝙖𝙙𝙤.” Mientras otros endurecen su corazón, el creyente encuentra deleite en la Palabra. Esto solo ocurre cuando el Espíritu Santo transforma internamente el alma.

Y luego viene uno de los versos más profundos de toda esta sección “𝘽𝙪𝙚𝙣𝙤 𝙢𝙚 𝙚𝙨 𝙝𝙖𝙗𝙚𝙧 𝙨𝙞𝙙𝙤 𝙝𝙪𝙢𝙞𝙡𝙡𝙖𝙙𝙤, 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙦𝙪𝙚 𝙖𝙥𝙧𝙚𝙣𝙙𝙖 𝙩𝙪𝙨 𝙚𝙨𝙩𝙖𝙩𝙪𝙩𝙤𝙨.” Qué declaración tan madura espiritualmente. El salmista no está glorificando el dolor; está reconociendo el fruto producido por él. Hay lecciones acerca de Dios que solo aprendemos en temporadas de quebranto. Hay niveles de intimidad, dependencia y rendición que nacen únicamente cuando todo lo demás falla.

Esto apunta profundamente a Cristo. Porque Jesús mismo, aunque sin pecado, aprendió obediencia por medio del padecimiento, como enseña Hebreos 5:8. Y si el Hijo atravesó sufrimiento dentro del propósito redentor de Dios, nosotras tampoco debemos interpretar nuestras pruebas como ausencia de amor divino.

Y el cierre es glorioso “𝙈𝙚𝙟𝙤𝙧 𝙢𝙚 𝙚𝙨 𝙡𝙖 𝙡𝙚𝙮 𝙙𝙚 𝙩𝙪 𝙗𝙤𝙘𝙖 𝙦𝙪𝙚 𝙢𝙞𝙡𝙡𝙖𝙧𝙚𝙨 𝙙𝙚 𝙤𝙧𝙤 𝙮 𝙥𝙡𝙖𝙩𝙖.” Después de atravesar aflicción, el salmista llega a una conclusión eterna la Palabra de Dios vale más que cualquier riqueza terrenal. Porque las riquezas no pueden sostener el alma, pero la verdad de Dios sí.

𝙈𝙞𝙨 𝙝𝙚𝙧𝙢𝙖𝙣𝙖𝙨, 𝙚𝙨𝙩𝙚 𝙥𝙖𝙨𝙖𝙟𝙚 𝙣𝙤𝙨 𝙧𝙚𝙘𝙪𝙚𝙧𝙙𝙖 𝙦𝙪𝙚 𝙖𝙡𝙜𝙪𝙣𝙖𝙨 𝙙𝙚 𝙡𝙖𝙨 𝙤𝙗𝙧𝙖𝙨 𝙢á𝙨 𝙥𝙧𝙤𝙛𝙪𝙣𝙙𝙖𝙨 𝙙𝙚 𝘿𝙞𝙤𝙨 𝙚𝙣 𝙣𝙪𝙚𝙨𝙩𝙧𝙖 𝙫𝙞𝙙𝙖 𝙣𝙖𝙘𝙚𝙣 𝙚𝙣 𝙩𝙚𝙢𝙥𝙤𝙧𝙖𝙙𝙖𝙨 𝙦𝙪𝙚 𝙟𝙖𝙢á𝙨 𝙝𝙖𝙗𝙧í𝙖𝙢𝙤𝙨 𝙚𝙨𝙘𝙤𝙜𝙞𝙙𝙤. 𝙋𝙚𝙧𝙤 𝙘𝙪𝙖𝙣𝙙𝙤 𝘿𝙞𝙤𝙨 𝙥𝙚𝙧𝙢𝙞𝙩𝙚 𝙡𝙖 𝙖𝙛𝙡𝙞𝙘𝙘𝙞ó𝙣, 𝙣𝙪𝙣𝙘𝙖 𝙚𝙨 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙙𝙚𝙨𝙩𝙧𝙪𝙞𝙧𝙣𝙤𝙨; 𝙚𝙨 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙧𝙚𝙛𝙞𝙣𝙖𝙧𝙣𝙤𝙨, 𝙖𝙘𝙚𝙧𝙘𝙖𝙧𝙣𝙤𝙨 𝙮 𝙚𝙣𝙨𝙚ñ𝙖𝙧𝙣𝙤𝙨 𝙖 𝙙𝙚𝙥𝙚𝙣𝙙𝙚𝙧 𝙘𝙤𝙢𝙥𝙡𝙚𝙩𝙖𝙢𝙚𝙣𝙩𝙚 𝙙𝙚 Él.

Quizás hoy entiendas poco de lo que estás viviendo. Tal vez hay procesos que duelen y preguntas sin respuesta. Pero si algo revela este pasaje es que Dios sigue siendo bueno, aun en medio del dolor. Y muchas veces, después de la aflicción, terminamos conociendo más profundamente al Dios que antes solo conocíamos de lejos.

Llegamos al final: Comparte • Coméntanos y déjanos un corazoncito. MUJER BIBLIA Y CAFÉ @lorenacuevas

Previous
Previous

Salmos 119:73-80

Next
Next

Salmos 119:57–64