Salmos 119:169-176

En Salmos 119:169–176 llegamos al cierre de este hermoso salmo, y es impresionante que no termina con autosuficiencia, sino con dependencia.

Después de tantos versos hablando de amar, guardar, meditar y obedecer la Palabra, el salmista termina como una oveja necesitada de su Pastor. Eso es profundamente cristocéntrico, porque toda la Escritura nos conduce a Cristo el Verbo hecho carne, el Buen Pastor, la Palabra viva que busca y restaura al perdido.

 “Llegue mi clamor delante de ti, oh Jehová; dame entendimiento conforme a tu palabra.” El salmista comienza el final con un clamor. No presume conocimiento; pide entendimiento. Y esto nos enseña algo poderoso mientras más crecemos en Dios, más conscientes somos de cuánto lo necesitamos. Mis hermanas, una mujer madura espiritualmente no es la que dice “Yo ya sé.” Es la que ora “Señor, enséñame otra vez. Abre mis ojos. Dame entendimiento.”

Los discípulos caminaron con Jesús, lo escucharon enseñar, vieron milagros, y aun así necesitaron que Él les abriera el entendimiento para comprender las Escrituras. Así también nosotras necesitamos que Cristo ilumine nuestra mente y quebrante toda dureza del corazón.

 “Llegue mi oración delante de ti; líbrame conforme a tu dicho.” Aquí la oración no es vaga; está apoyada en la Palabra. El salmista no dice “Líbrame como yo quiero”, sino “conforme a tu dicho”. Qué difícil es esto. Muchas veces queremos que Dios nos libre según nuestro calendario, nuestra manera y nuestra explicación. Pero la fe verdadera aprende a decir “Señor, líbrame conforme a tu Palabra, conforme a tu voluntad, conforme a tu sabiduría.”

Pienso en Daniel en el foso de los leones. Dios no lo libró antes de entrar al foso; lo libró dentro del foso. Y muchas veces Cristo no evita que pasemos por ciertas temporadas, pero entra con nosotras en ellas y cierra la boca de aquello que quería devorarnos.

“Mis labios rebosarán alabanza cuando me enseñes tus estatutos.” La enseñanza de Dios produce alabanza. Cuando Dios nos revela Su verdad, el corazón no puede quedarse en silencio. Mis hermanas, hay palabras que Dios nos enseña en temporadas de calma, pero hay otras que solo aprendemos en el valle de la soledad. Y cuando salimos de allí, la alabanza tiene otro peso. Ya no cantamos solo porque sabemos una letra; cantamos porque conocimos la fidelidad de Dios en medio del proceso.

Pablo y Silas adoraron en la cárcel, no porque sus cadenas fueran cómodas, sino porque Cristo seguía siendo digno. Esa es la alabanza que nace de una fe profunda.

 

 “Hablará mi lengua tus dichos, porque todos tus mandamientos son justicia.” El salmista no quiere solamente recibir la Palabra; quiere hablarla. Lo que Dios deposita en el corazón debe salir por la boca. Y aquí hay una verdad muy importante nuestras palabras revelan qué gobierna nuestro interior. Cuando el corazón está lleno de temor, hablamos temor. Cuando está lleno de queja, hablamos queja. Pero cuando Cristo llena el corazón, comenzamos a hablar verdad, esperanza, vida y justicia. Jesús dijo que de la abundancia del corazón habla la boca. Por eso necesitamos que la Palabra habite abundantemente en nosotras, para que nuestras conversaciones también sean transformadas.

 “Esté tu mano pronta para socorrerme, porque tus mandamientos he escogido.” Qué oración tan hermosa “Señor, que tu mano esté lista para ayudarme.” La mano de Dios en la Biblia habla de poder, dirección, protección y rescate. El salmista sabe que no puede sostenerse solo. Ha escogido los mandamientos de Dios, pero aún necesita la mano de Dios para permanecer. Esto nos recuerda a Pedro cuando caminó sobre las aguas. Mientras miró a Cristo, caminó; cuando miró el viento, comenzó a hundirse. Pero Jesús extendió Su mano y lo sostuvo.

Mis hermanas, tal vez alguna vez hemos sentido que nos hundimos por mirar demasiado el viento los problemas, el diagnóstico, la ansiedad, la oposición, el cansancio. Pero Cristo sigue extendiendo Su mano. Su gracia no llega tarde.

 “He deseado tu salvación, oh Jehová, y tu ley es mi delicia.” Aquí el salmista une dos cosas preciosas salvación y deleite. Él no solo quiere ser librado; encuentra gozo en la voluntad de Dios. Y esto apunta directamente a Cristo. Jesús es nuestra salvación, no solo una ayuda temporal. Él es el cumplimiento de la esperanza del salmista. Toda liberación verdadera tiene su centro en Él. Aleluya!

Mis hermanas, la salvación no es solo que Cristo nos saque del infierno; es que nos rescata del pecado, de la mentira, de la esclavitud, de nosotras mismas, y nos lleva a encontrar deleite en Él.

 “Viva mi alma y te alabe, y tus juicios me ayuden.” Esta es una oración de vida. “Viva mi alma.” No solo mi cuerpo. No solo mis rutinas. No solo mis responsabilidades. Mi alma. Cuántas veces podemos estar funcionando por fuera, pero apagadas por dentro. Sirviendo, trabajando, cuidando, sonriendo… pero el alma cansada. El salmista sabe que solo Dios puede vivificar el alma. Y cuando el alma vive, alaba.

Ezequiel vio un valle de huesos secos, y Dios sopló vida donde solo había sequedad. Así también Cristo puede soplar vida sobre áreas de nuestra alma que pensamos que ya no podían levantarse.

Yo anduve errante como oveja extraviada; busca a tu siervo, porque no me he olvidado de tus mandamientos.” Qué manera tan humilde de terminar. Después de 176 versos, el salmista no termina diciendo “Mira cuánto sé.” Termina diciendo “Soy como oveja extraviada; búscame.”

Esto es el evangelio.

Porque todas nosotras, de una forma u otra, hemos sido ovejas descarriadas. Pero Cristo no espera desde lejos con condenación; Él viene a buscar. Él es el Buen Pastor que deja las noventa y nueve y va tras la que se perdió.

Isaías 53:6 dice: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas…” Pero Jesús cargó nuestra culpa. Él no solo nos encontró; nos redimió con Su sangre.

Mis hermanas, este salmo termina llevándonos al corazón de Cristo dependencia, gracia, rescate y amor pastoral. La vida cristiana no se trata de fingir que nunca nos desviamos, sino de reconocer que necesitamos al Pastor cada día.

Y si hoy te sientes cansada, lejos, confundida o débil, este verso es una oración preciosa “Señor, búscame. No me sueltes. Tráeme de vuelta a tu Palabra, a tu presencia, a tu camino.”

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Mujer Biblia y Café

@lorenacuevas

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